Nuestro cabello también es lo que comemos

No es ninguna novedad que la alimentación es crucial para nuestra salud. A diario oímos consejos sobre la Dieta Mediterránea, qué y cómo comer para bajar de peso, controlar el colesterol, la tensión arterial, ser competitivos en la práctica deportiva o envejecer de forma saludable. Pero lo que comemos también incide directamente sobre el estado de nuestro pelo, y de eso te hablamos a continuación.  

Además de la contaminación ambiental, el estrés o ciertas enfermedades, las dietas desequilibradas o inadecuadas tienen un reflejo directo sobre la salud y el aspecto de nuestro pelo, siendo su apariencia un buen indicador de alteraciones orgánicas o trastornos de la alimentación como la anorexia o bulimia. Por ello, es necesario procurar una adecuada nutrición y, de ser necesarios, el aporte de complementos alimenticios para el adecuado desarrollo y mantenimiento de todo el organismo, que se traducirá en una piel y cabello saludables.  

¿Qué necesita tu pelo?: 

  • Aminoácidos: en grandes cantidades y de forma continua, ya que es una estructura en constante recambio celular. Entre ellos, la taurina que puede acumularse en la piel y desempeñar un papel citoprotector, es un potente antioxidante y estabilizador de membranas celulares frente a distintas agresiones. 
  • Proteínas: la malnutrición proteica afecta al metabolismo proteico del organismo y altera la síntesis de colágeno y la formación de tejido conectivo.  
  • Vitamina C: no actúa directamente, pero colabora en las tareas de reparación que realiza el organismo en el pelo.  
  • Vitamina A: importante para diferentes procesos del organismo en nuestro cabello, además colabora en la síntesis de colágeno y revierte efectos indeseables de los corticoides.  
  • Otras vitaminas: incluyendo riboflavina (B2), piridoxina (B6), tiamina (B1) y B12 relacionadas con la formación de colágeno y la pigmentación. 
  • Zinc: este mineral en el organismo se encuentra en gran medida en piel, pelo y uñas, participa de la síntesis de queratina, de ácidos grasos esenciales que protegen el folículo piloso, protege frente a radicales libres, y es necesario para movilizar la vitamina A que protege el cuero cabelludo. Además, es requerido por la ADN y ARN polimerasa. Su carencia afecta el crecimiento del cabello y, en alopecia androgenética, potencia la inhibición de la 5-alfa-reductasa implicada en el proceso.  
  • Hierro:  colabora en la producción de colágeno y su déficit altera las defensas del organismo. 
  • Cobre: también participa de la formación del colágeno.  
  • Magnesio: activas enzimas indispensables para la producción energética y la síntesis proteica.  

Dale de comer a tu melena: 

Cabe recordar que la malnutrición grave baja nuestras defensas incrementando el riesgo de infecciones y alterando el proceso de cicatrización. Sin necesidad de llegar tan lejos, el déficit de nutrientes asociados es relativamente frecuente, por lo que debemos prestar atención y cuidar lo que comemos, incluso algunos productos cosméticos capilares contienen algunos de estos nutrientes que ayudan a potenciar su cuidado según el tipo de cabello. 

Actualmente disponemos de fármacos que nos pueden ayudar a lucir un cabello saludable gracias a suplir las deficiencias nutricionales que lo deterioran, neutralizando las agresiones oxidativas de los radicales libres por acción de componentes antioxidantes, aminoácidos azufrados, vitaminas (vitamina E, betacaroteno, ácido pantoténico, biotina, tiamina, riboflavina, niacina y piridoxina) y oligoelementos (magnesio, cobre y cinc), esenciales para el trofismo cutáneo y capilar. Estos complementos nutricionales son eficaces colaboradores en el tratamiento y prevención de la caída excesiva del cabello por deficiencias nutricionales, estados fisiológicos deteriorados, estrés oxidativo por exceso de radicales libres y alteraciones de la queratinización. 

Texto basado en la publicación ‘Nutrición y salud de la piel y el cabello. Consejo farmacéutico’ (2009), de M Teresa Martín-Aragón, Licenciada en Farmacia, publicado en la revista científica Elsevier.es 

Los comentarios están cerrados.